lunes, 7 de mayo de 2012

Ya lo sabía.

Tristemente, ya lo sabía.

Pero sin embargo, me sigue sorprendiendo constatar algunas realidades.

La de hoy concretamente es la siguiente: Hay personas que no utilizan las cosas para facilitar su vida, viven a través de las cosas.

Hay mucha gente que se valora a si misma por las cosas que tiene, y por lo que consigue materialmente sea del modo que sea. Ese tipo de gente, si pueden tomar algo que no tiene importancia ni valor para ellos, pero que les sale gratis y sobre todo, es un objeto con un cierto valor intrínseco, se lo llevan.
Ese tipo de gente no entiende que teniendo la oportunidad, no tomes todo lo que abarquen tus brazos de los restos de las desgracias ajenas. No entiende que respetes.
No entiende que, si tomas algo, sea de buen corazón y por necesidad.

Ese tipo de gente se molesta, porque avisas antes a otros que están en necesidad que a ellos, que tal vez nunca hayan sabido qué significa estarlo.

Ese... es el tipo de gente que mueve este mundo. Es el tipo de gente que la sociedad respeta y admira.

Ese es el tipo de gente que nunca podré respetar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Compartir o no compartir

Esa es la cuestión.

Y no, no me estoy refiriendo a un tema de comunity mannagement ni redes sociales en general.

Hablo de entornos paganos o supuestamente paganos. Algunos, sí, dentro de redes sociales. Otros no.
¿Hasta que punto podemos permitirnos compartir? ¿Qué significa compartir? ¿Para qué sirve compartir?

Compartiendo experiencias

Lo más curioso es que cuando hablo de "compartir" no me refiero tanto a un intercambio profundo y empírico de experiencias si no incluso a comentarios de lo más casuales.

Es bastante habitual que los encuentros entre personas que comparten una cierta tendencia religiosa o unos supuestos intereses afines, como en el caso del paganismo temáticas diversas como el esoterismo y la magia en general, las terapias alternativas, rituales, técnicas etc. tiendan a llenar las conversaciones. Hasta cierto punto es comprensible, dado que solemos ser personas aisladas que no tienen demasiadas oportunidades para hablar de esos temas con otras personas. Por ello solemos usar estos encuentros para sentirnos mejor con nosotros mismos, encontrando alguien en el que sentirnos reflejados y por tanto, no sentirnos fuera del mundo. Nuestra naturaleza social nos lo pide.

Esto puede llevarnos a un punto negativo. Tanta es nuestra necesidad de sentirnos reflejados, que nos sentimos dolidos cuando no es así. Si alguien no cree lo mismo que nosotros, entonces puede que no sea tan pagano. Y puede que no sea bastante sabio. Puede que no esté bastante evolucionado y no "entienda". También puede llevarnos a necesitar que las personas que comparten con nosotros teóricamente unas bases de fe (y digo teóricamente por la plasticidad delas tradiciones paganas y lo orgánicas que pueden llegar a ser) nos apoyen y estén de acuerdo con nosotros en todas las decisiones de nuestra vida. Los que no lo están, no son paganos, o evolucionados, o lo que sea...

Estando así las cosas, ¿es positivo compartir en estos ambientes? Si nuestras creencias no son comunes, corremos ciertos riesgos. Por un lado, el riesgo de ser señalado como una especie de disidente o hereje pagano, ya que no compartes una o varias creencias comunes al resto del grupo. Por otro, la de ser tildado de raro o incluso loco por creer algo que el grupo no comparte.
En estos casos, ¿no sería más sensato guardar un respetuoso silencio y dejar a la conversación seguir su curso?

Hay que tener en cuenta también que en estos ambientes, tanto físicos como virtuales, es muy difícil establecer vínculos sinceros de confianza mutua en los que sentar las bases de conversaciones tan controvertidas como las diferencias y similitudes entre creencias personales.

Compartir experiencias personales tiene una traba importante. Muchas veces la experiencia personal en una temática de fe tiende a estar muy cerca si no inmersa totalmente en la experiencia mística. Ésta, la entendamos como la entendamos, tiene una característica definitoria que se mantiene en el tiempo y más allá de la cultura: la inefabilidad.
Las palabras, las metáforas, no son suficientes para explicar lo experimentado. Intentarlo es un grandioso ejercicio poético. Pero lo cierto es que la poesía no es la forma más clara de expresar nada, y por tanto, dificulta la comprensión. Lleva la experiencia a un plano en el que puede tener sentido para el otro tan solo en referencia a lo que la expresión poética le pueda transmitir y siempre aun nivel emocional y personal.

Beneficios y desventajas de compartir

La principal ventaja de compartir con otros, sea cara a cara o a través de un medio virtual, es que te obliga a pasar lo que quieres decir de nuevo por el filtro de la racionalidad. Obliga a reordenar lo que se quiere decir para procurar ser entendido. Así mismo obliga a enfrentarte a la cruda realidad: el hecho de que hay cosas que muy posiblemente no serán entendidas. Y menos aún serán entendidas como tú desearías.

Sin embargo eso da pie a una de las desventajas más importantes: el fenómeno copia. Ocurre de forma más habitual de lo que parecería. A veces basta con comentar un concepto que a otro pueda parecerle interesante y dejar que repose un cierto tiempo. Entonces, en un plazo más o menos corto, empiezan a surgir voces al respecto usando ese concepto o incluso las palabras que habías compartido pero desde una total separación conceptual. Lo suficiente al menos para que las primeras veces sospeches que es causado más bien por la evolución paralela.
Lo cierto es que alguien ha tomado aquello que se ha compartido, y lo ha rodado. Tal vez no entendió lo que querías decir o tal vez no le gustó el concepto pero sí cómo sonaba todo lo demás.

¿Es esto realmente algo negativo? La respuesta es no, y al mismo tiempo sí.

La gente tiene derecho a inspirarse en lo que desee. Al compartir, diste la oportunidad de que terceras o cuartas personas de inspirarse en ese concepto o experiencia que habías desarrollado con esfuerzo o que estás desarrollando. Eso es positivo, porque favorece la fluidez de pensamientos y conocimientos.

Pero al mismo tiempo, normalmente las copias no expanden la idea original, ni la hacen desarrollarse ni tan siquiera la tratan bien. Simplemente revisten de ella lo que ya tenían, sin esfuerzo en profundizar o en tomar una comprensión más amplia. Esto es directamente negativo para quienes así lo hacen. Para tí, por su parte, lo que implica es que hay unas palabras que son tuyas y están siendo difundidas carentes de su sentido, haciendo que a posteriori el compartir con alguien con quien sea posible y sencillamente positivo se vuelva mucho más dificil. Y es que esa persona creerá que conoce el concepto y que no es interesante.

Entonces, ¿cuál es la conclusión? ¿Evitamos compartir y perdemos la oportunidad de enriquecer y enriquecernos con un proceso natural y hermoso? ¿Compartimos sin mirar con quién y si tenemos mala suerte, nos aguantamos?

Como es habitual, para mi la solución está en el equilibrio. Compartir, sí. Mirando qué, cómo, cuando, dónde y con quién. Porque no estamos preparados para compartirlo todo ni todos están preparados (ni dispuestos) a que lo hagamos.

Ser mamá



Reconozcamoslo, no hay nada en ser madre que lo haga automáticamente la mejor experiencia de la vida.
Ser mamá no te cambia y te convierte en una superheroína. No te hace ser glamourosa de golpe. Tampoco te hace ser peor de lo que eres. No te convierte en un desastre con piernas.

Ser mamá no te hace especial. No es una excusa en la que centrar toda tu existencia.

No voy a decir que ser mamá no te cambie la vida. Te la cambia.

No voy a decir que tener un pequeño no absorve, no hace que te intereses por otras cosas o no cambie tu forma de hacer, pensar y planificar.

No voy a decir que no sea una experiencia enorme e intensa que para muchos significa un paso más allá en el desarrollo natural del ser humano en todas las dimensiones.

Pero reconocelo. No sólo eres mamá. Y tu vida estará compuesta y será descrita por los millones de pequeñas decisiones y segundos que la compongan y no por tener o no un hijo.

Comentaristas y opinadores

El mundo está lleno de comentaristas y opinadores. Está lleno de contertulios en potencia. Pueden tener perfiles más o menos variados, desde los señores vetustos de los programas matinales de la radio hasta las marujas histéricas y maleducadas (más allá de su género y ocupación) tipo salvame.

 Los vemos cada día, cuando hablas de casi cualquier tema. Pero hay temas que dan más pie que otro a sacar la vena opinadora. Sobre todo dependiendo de tu grado de confianza con el otro y los palos que te haya dado la vida al respecto. Me explico: cuanta más confianza, más a la ligera se opina y menos se espera que la otra persona sea susceptible, aunque la lógica indique lo contrario. Así mismo, cuanto más palos te da la vida, más cuidadoso eres en tus opiniones. No solo te piensas dos veces el darlas, si no que buscas formas de hacerlo que sean lo más respetuosas posibles.

 Quiero anotar que para respetar a otro no sirve solamente decir "Eh, tu sabes que te respeto" después de haber soltado aquello que se te haya ocurrido. Nadie consideraría que después de haberse dicho cualquier salvajada, los tertulianos de salvame dijeran que es desde el cariño y el respeto. Es más, te quedas con la canción de que necesitarían un diccionario y un asistente personal para encontrar la palabra.

 La gente encuentra especialmente interesante, por lo que he podido observar últimamente, ser opinadores sobre la opinión de otros en temas de moralidad, política y religión. Habitualmente lo hacen antes de que tú opines, y de forma tan tajante que o bien decides montar un show por el que sabes que te pagarían bien en telecinco, pero gratis, o bien te muerdes la lengua y pasas de la polémica.

 Pero sin duda, el tema estrella para los opinadores es la crianza y todo lo relacionado. Da igual que los opinadores sean casados o solteros, tengan cero niños o diez o si ni siquiera quieren tener alguno en su bendita vida. Da lo mismo si apenas tienen 20 años y "se acuerdan" de cómo los criaron, si han tenido la oportunidad de criar niños recientemente o si la última vez que criaron a nadie fue hace más de 40 años. Al parecer todo el mundo tiene la verdad sobre cómo criar a un ser humano. Y sobre todo, se caracterizan por opinar sobre absolutamente todo aunque tú no quieras su opinión.

 Normalmente opinan que lo que decides está mal. Porque claro, criar a un niño es cuestión de pura lógica y sentido común. Algo que tú, que estás gestando a tu vástago, queda más que patente que no tienes.

 ¿Has leído muchos artículos científicos, libros, escuchado experiencias de otros padres, hablado con psicólogos, educadores, pediatras... para tomar tus decisiones? No importa. Porque ellos opinan, y su opinión es más importante que la tuya. Faltaría más. Es más, eres una persona horrenda por sentirte atacado o criticado sin fundamento. Ellos saben más de la vida que tú. Son imparciales. Además, sabes que en realidad creen que lo que hagas con tu hijo es cosa tuya, pero...

 Y ahí está siempre el pero. Pero todo el mundo tiene más razón y está más informado que tú. Porque tú has demostrado que eres tonto al tener un hijo. Y ya está.

 Hagan un favor a la humanidad, contertulios del mundo. Por favor, guárdense sus opiniones para quien y cuándo se las pidan. Opinen lo que quieran en la intimidad. Y respeten DE VERDAD a los demás, escuchando sus motivaciones, sin prejuicios y procurando aplicar sabiamente las réplicas y objeciones que se tengan para que sean objeciones reales y no pataletas porque "x no es bueno", "x no está bien" o "x no es normal".